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  • Gabriel Agosin

LA CAMPAÑA DE MARKETING PROHIBIDA QUE UNE A BRAD PITT Y DUA LIPA

El truco es viejo y quizás lo conocen: crear un título llamativo para llamar la atención y, tras ello, reconocer que lo que realmente queremos hacer es hablar de otra cosa. Este post vendría siendo una suerte de meta-truco, es decir, compartiremos nuestra reflexión sobre las formas que utilizan las marcas para llamar la atención de sus clientes.


La fórmula es básica: mujeres jóvenes exudando sensualidad para vender cualquier cosa. Mientras más curvilínea y menos ropa, mejor. Así parecía ser el dogma. Más allá de lo burdo que hoy nos puede parecer, la fórmula, en esencia, es y ha sido la misma: buscar agentes externos a un producto o servicio que capturen la atención de los potenciales clientes con la ilusión de que, por chorreo, termine por aumentar las ventas. Modelos, actores, cantantes, influencers. Todo por el ansiado like. ¿Y la credibilidad? Bueno, después se verá.


Antes existían menos productos y los sustitutos pequeños difícilmente tenían la posibilidad de capturar parte relevante del mercado. Pero gracias a las redes sociales, hoy las marcas pueden vincularse a sus clientes como nunca antes. Y es que frente a tanta oferta, las personas valoran aquellas pequeñas diferencias que hacen de una marca algo más auténtico y ahora la propuesta de valor está dada por las personas que están atrás, ya sean sus creadores o dueños, pero también los ejecutivos y personal que hacen posible consumir lo que estamos comprando.


Lo que planteamos no es una teoría: en los hechos, los contenidos orgánicos, es decir, aquellos que muestran sin filtros la esencia de las marcas suelen tener muchísimo mejor alcance, difusión e interacción en redes sociales que las piezas publicitarias (por supuesto hay excepciones). Es así como recursos como los reels, lives o testimonios naturales de las personas que hacen posible una marca generan mayor interacción que una campaña.


Pero claro, la mayoría de ustedes llegó hasta acá motivados por la falsa promesa de un secreto, de una supuesta campaña prohibida apelando al morbo que, lo reconozcamos o no, todos tenemos. ¿Es esa razón suficiente para apelar a cualquier costo atraer la atención de los clientes (o lectores)? La pregunta podemos responderla con otra reflexión: ¿cómo queremos ser reconocidos? ¿Por nuestros atributos o por los de un tercero? El camino es mucho más pesado, pero los frutos son más sabrosos y provienen de un árbol con raíces muchísimo más profunda cuando realmente creemos en el potencial de lo que tenemos. Esa pasión conquista mundos, mucho más a veces que las razones.


Un caso muy interesante es el de Mundo Sindical, uno de nuestros clientes que ha hecho el camino largo, pero que hoy tiene bases sólidas y ha logrado el objetivo que toda marca sueña: construir una comunidad de intereses. Diariamente, con Mundo Sindical subimos videos y posteos dando soluciones a inquietudes propias del mundo del trabajo, lo que genera una tasa de interacción altísima ya que los seguidores, que no paran de crecer, ven en sus cuentas de Facebook e Instagram la posibilidad real de tener información sumamente valiosa sin pedirles nada a cambio. Mundo Sindical gana por suscripciones, pero inteligentemente entiende que si su objetivo es más ambicioso, puede lograr incluso que otras marcas terminen por auspiciar las cápsulas informativas dado el alto grado de credibilidad que tienen sus redes sociales. Y eso que era una ilusión, ya es toda una realidad.


¿Mundo Sindical habría ganado esa credibilidad si su énfasis hubiese estado en vender su producto mediante grandes rostros o influencers? La respuesta es clara. No todas las marcas, por cierto, tienen la posibilidad de compartir de forma periódica información orgánica de gran interés para sus seguidores, pero siempre hay espacios.


En BeTwo siempre tratamos de inspirar a nuestros clientes que se atrevan a mostrarse tal cual son, que busquen aquello que los hace únicos y dignos de ser valorados por sus clientes y que busquen, antes de vender, generar un vínculo con sus clientes. Son tiempos de transparencia, en los que ya no todo vale y donde los viejos y burdos trucos para capturar nuestra atención ya los conocen todos. Es hora de ser auténticos, de ser también más humildes y empáticos. Esa es la nueva fórmula, el nuevo secreto, un nuevo dogma que finalmente humaniza a las marcas y, si sabemos escuchar, podemos lograr una sinergía que nos haga crecer más allá de lo que imaginamos.



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